
Iván Schargrodsky
Foto: Archivo bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International
Iván Schargrodsky, creador y director del medio digital Cenital, cree que la grieta es hoy menos profunda que en tiempos de Macri y de Cristina. Dice que no se toma demasiado en serio el discurso del Presidente y que piensa que ni siquiera él lo hace, porque ni redujo al mínimo el tamaño del Estado ni avanzó en los hechos contra la libertad de prensa, a pesar de sus habituales insultos a los periodistas.
A Iván Schargrodsky lo llaman El Africano por carácter transitivo, dado que no fue él sino su mamá la que nació en África. Dice que el apellido de su madre era Baldassarri y que nació en Misurata, Libia, “porque mi abuelo trabajaba en el ente colonizador italiano”.
Lo que hoy es Libia fue territorio arrebatado al imperio otomano en la guerra ítalo-turca de 1911. Italia perdió esa colonia en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial.
Schargrodsky nació en Bahía Blanca en 1989, estudió periodismo en el Taller Escuela Agencia (TEA), trabajó en diversos medios nacionales y desde 2011 conduce un programa llamado “El fin de la metáfora”, que se ha emitido por Radio Nacional Rock, Del Plata, Radio 10 y Radio Con Vos.
Las metáforas parecen determinantes en la vida y en la carrera de Iván (en adelante lo escribiremos así para evitar líos con las consonantes). Cuando decidió lanzar su propio medio digital, al ver que “los gritos se habían impuesto sobre las explicaciones y los temas importantes se habían subordinado a los de mayor impacto”, lo hizo un 7 de junio, Día del Periodista, en el año 2019.
Eso también fue una metáfora, y está lejos del fin. Cuando Cenital cumplió sus primeros siete años y ya había sumado miles de suscriptores a sus newsletters y al sitio de YouTube, Iván nos dijo en una entrevista que había elegido esa fecha simbólica “para desafiar la lógica cautiva de las redes sociales” y para “civilizar el debate público”.
Otras dos metáforas, en la forma de sendos retratos, se exhiben ante quienes lo visitan en su departamento del barrio de Belgrano. Son, evidentemente, dos figuras históricas que Iván por alguna razón admira, ambas ligadas a Francia y a la revolución de 1789: Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord (1754-1838) y Joseph Fouché (1759-1820).
Talleyrand fue un diplomático, político y religioso que sobresalió por su habilidad para mantenerse en el poder a través de diversas eras, desde el Antiguo Régimen y la revolución hasta el imperio de Napoleón y la época de los Borbones. Fouché también es recordado por su cintura política, que lo llevó sin solución de continuidad de los republicanos a los monárquicos. El gran escritor austríaco Stefan Zweig narró su tormentosa vida en el libro “Fouché, el genio tenebroso”.
Además de este perfil intelectual, Iván tiene también su lado deportivo. Es director de Comunicación y Relaciones Institucionales en River Plate, club del que es hincha en el orden nacional. En su ciudad natal, es de Bella Vista. Incluso llegó a jugar en el equipo de ese club fundado en 1921, que participa en la Liga del Sur y tiene una camiseta bastante parecida a la de Banfield, con una banda verde sobre fondo blanco. Del Bella Vista bahiense salió el ex defensor central Alfio Basile, que de grande ganó dos copas América como técnico de la selección argentina.
¿Cómo fue tu infancia?
Mi papá se exilió en el ‘76, junto con la mamá de mis hermanos. Él murió cuando yo tenía 21 años. La mamá de mis hermanos era en realidad el cuadro político más denso de la pareja. Entiendo que hubo entre ellos una discusión sobre la lucha armada.
Decidieron que la lucha armada no y se exiliaron. Evidentemente, los dos estuvieron de acuerdo. Por lo menos es lo que supongo. Sé que mi papá tenía esa mirada, pero la que mandaba en esa pareja era ella. Entonces, supongo que también habrá tenido la misma opinión, porque si no no se hubieran ido. Militaron no sé si en el ERP mismo o en el desprendimiento morenista del ERP.
Esa fracción fue liderada por Hugo Miguel Bressano, cuyo alias era Nahuel Moreno. La fracción principal fue la de Mario Roberto Santucho, que murió a manos de los militares en 1976.
¿No simpatizaron con la izquierda peronista?
No, ninguno de los dos. Mi viejo no diría que era antiperonista, pero sí no peronista. Él y Celita se separaron en Río de Janeiro. Mis hermanos se quedaron allá. Ya son grandes. Tienen -me van a matar- más de 50 años. Uno es arquitecto y el otro es geógrafo. Ella vive todavía en Río y siguió con su militancia. Fue abogada de los movimientos del MST, el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra, que lucha por la reforma agraria. En el ‘83, mi papá volvió a Bahía Blanca. Cuando mi hermano mayor vino a vivir un año en la Argentina necesitó una profesora de castellano. Mi mamá era profesora de filosofía y letras. Mi papá la contrató, se enamoró de ella y años después nací yo, motivo por el cual al día de hoy mi hermano mayor dice que yo nací gracias a él. Lo cual es un poco de estiramiento conceptual, pero vamos a dárselo.
¿A vos también te atrajo la política?
El interés por la política, sí. A mí me gusta un poco más mirar lo que han hecho generaciones anteriores de periodistas, cuando la política y el periodismo tenían una alianza muy fuerte y no se ocultaba, no había vergüenza sobre eso, sino una reivindicación argumental. Hace poco, en el programa de Carlos Pagni estuvo Vicente Massot, que fue dueño y director del diario de mi ciudad, La Nueva Provincia. Cuando uno lo escucha a Vicente hay una densidad argumental, histórica, hay un proyecto de país, que es lo que a mí más me interesa. No necesariamente abrevando en esas corrientes, pero eso creo que es secundario.
Massot fue el primer periodista argentino imputado por delitos de lesa humanidad. En 2016, la Justicia dictó la falta de mérito a la causa en su contra.
¿Te interesa esa densidad, aunque difiera totalmente de tus ideas?
Lo que yo veo hoy es que todo es líquido, todo livianito, todo instantáneo, todo coyuntural. Todo el mundo cree que la historia empezó cuando ellos encendieron la pantalla y que antes no hubo nada, ninguna tradición. Bueno, no sé: eso a mí no me gusta, aunque probablemente la cosa vaya hacia allá. Creo que hay una ventaja que tienen los conservadores liberales sobre los revisionistas de izquierda, o lo que sea. Ahí hay algo, todavía hay gente que piensa cosas. Estoy hablando de la vieja guardia, de los mitristas o de los liberales, que todavía tienen algo sólido a lo que abrazarse. Por más que ahora no esté de moda yo creo que se necesita un mástil civilizatorio sobre el cual afianzarse. Hagamos un ejercicio colectivo: hoy ustedes lo ven a Vicente, lo ven a Claudio Escribano, los ven a los Saguier, que son Mitre, que son Noble, que son los hijos de la tradición mitrista. ¿Dónde están, con esa misma magnitud, los del lado revisionista, nacionalista o peronista? Con esa densidad que hace pensar “bueno, acá hay un proyecto de país distinto.» Lo que hay hoy es pura táctica. Yo creo que el último en su especie fue Abal Medina padre. La inteligencia se salteó una generación.
Juan Manuel Abal Medina (1945-2025) fue un periodista, abogado y político. Muy cercano a Perón, se desempeñó como secretario general del movimiento peronista entre 1972 y 1974. Su hijo y homónimo fue jefe de Gabinete de 2011 a 2013, durante el gobierno de Cristina Kirchner. Su hermano, Fernando, fue fundador del movimiento armado Montoneros y murió a los 23 años, en un enfrentamiento con la policía, en William C. Morris, provincia de Buenos Aires.
¿Te atrae el periodismo desde chico?
Sí, porque en mi casa se veía el programa de Jorge Lanata. Mi deseo de ser periodista me lo provocó ese programa. También se veía “Caiga quien caiga”, de Mario Pergolini. No el programa de Tinelli, porque decían que era hedonista. Yo no sabía qué significaba eso…
¿Qué le encontrabas a Lanata?
A los siete u ocho años no podía “encontrarle” nada, lo miraba. Estaba sentado en un sillón y había dos personas que eran la autoridad de la casa. Ellos miraban y yo miraba con ellos. Me daba curiosidad sí, porque era muy difícil no tenerla en una familia en la que la actualidad y la discusión política estaban presentes. Después, cuando entré en el polimodal, el secundario en la provincia de Buenos Aires, la inquietud aumentó. Me acuerdo que en un momento dije en la escuela que quería ser abogado para después ser Presidente, y esa acción política embrionaria derivó de manera inconsciente en el periodismo, que era un modo de estar en política sin formar parte de un espacio político determinado. Piensen que yo la primera familia peronista la conocí cuando llegué a la Capital Federal, a los 18 años. No conocí a ningún peronista en Bahía Blanca.
¿Todavía querés ser presidente?
No, y no entiendo por qué alguien quiere serlo hoy, a menos que tenga una vocación y una misión. No creo que la ambición sea suficiente. Tiene que haber algo más para desear eso. Lo que tiene Milei, lo que tuvo Cristina, lo que probablemente no tuvieron Mauricio y Alberto (Macri y Fernández), por distintos motivos. Hay una cosa medio jacobina en Milei y en Cristina, que o está o no está. Yo creo que la tenés que tener sí o sí, porque si no ser Presidente es muy mal empleo, digamos.
¿Cómo es tu trabajo de todos los días?
Todo lo que yo hago está englobado en lo mismo, excepto mi relación con mi hijo. (Ese hijo, al que quiere muchísimo y del que dice que es demasiado bueno y que “quizás le falte un poco de maldad”, se llama Lucio y es fruto de su relación con la historiadora y política Julia Rosemberg). La gente con la que hablo, las reuniones sociales que tengo, mis lecturas o mis consumos culturales, todo decanta en el mismo lugar, que es mi tarea profesional. Es muy raro que lea algo que no termine usando en un newsletter o en un comentario. Hago un programa de una hora y escribo un newsletter, al que le dedico, a partir del jueves o viernes de la semana anterior, una o dos horas por día. Y como la Argentina siempre te da una actualización en la última curva, termino de escribirlo el lunes a la noche y se publica el martes a la mañana. Después no hay más. Me ocupo un poco del management, pero eso funciona bien en Cenital.
¿Cuánta gente trabaja con vos ahí?
Somos unas 60 en Cenital. Para arrancar, tenemos 14 autores, que son colaboradores, periodistas y académicos que escriben una o dos veces por semana. Después están María O’Donnell, Ernesto Tenembaum, Jairo Straccia, Maia Jastreblansky, Alfredo Zaiat, Felipe Pigna, Ezequiel Fernández Moores, Claudia Piñeiro y Juan Elman, entre otros periodistas y columnistas. Además hay administración, gente en redes sociales, coordinadores del canal de YouTube, operadores técnicos, editores de video, editores de imágenes…
¿Quiénes te acompañaron al comienzo?
Había dos “encargados del producto”, que son un mix entre tecnología, marca y contenido. Tripartito. Esas dos personas, Axel Marazzi y Valentín Muro, fueron muy importantes para la constitución de Cenital.
¿Se mantienen con los suscriptores pagos? ¿Cuántos son?
Cinco mil, cinco mil y pico. Además, tenemos publicidad privada y pública, que es lo que completa la torta. La situación de Cenital es sólida. No es el lugar con el cual uno se va a comprar un yate, pero está en breakeven (en español, “punto de equilibrio). Es sostenible como proyecto. Por eso tenemos una operación chica. No hacemos cobertura diaria.
¿De quién fue la idea de Cenital?
Mía. Hacía mucho que yo quería tener un medio. Sentía que el debate público se estaba degradando. Cenital tiene siete años. Nació el último año del gobierno Macri. Decidimos aportar nuestro granito de arena y lanzamos una web con newsletters.
¿Qué diferencias cualitativas tuviste al manejar tu propio medio?
Yo estaba en un programa diario en C5N y conducía “El fin de la metáfora” en Radio 10. Con lo cual uno podría pensar que estaba bien, encaminado. Pero había algo del formato que no me conformaba y que yo veía en todos los medios: la exigencia de un alto nivel de inmediatez, con una velocidad que impedía hacerle justicia prácticamente a ninguno de los temas que yo tocaba. Si yo quería hablar de algo tan aburrido como el sistema tributario argentino, analizar si se pagan pocos o muchos impuestos en el país, los tiempos de la radio y de la tele no me lo permitían. Así es el formato general, global. Además, era un momento de mayor polarización que la actual. Más virulenta.
¿La grieta era más profunda en tiempos de Macri, Alberto Fernández y Cristina?
Sí. A pesar de que el discurso del actual presidente podría hacer pensar que hay un enfrentamiento mayor. No quiero ser descortés, pero yo no me lo tomo demasiado en serio.
¿Al Presidente?
No: al discurso ése. Yo creo que al Presidente hay que mirarlo por lo que hace y no por lo que dice. Es cierto que hay una guerra santa contra el periodismo, pero no hay ningún dueño de un medio de comunicación preso, como sí pasó en otros años. No hay ni de lejos un enfrentamiento del Presidente con los medios más críticos, como podrían ser C5N, Página/12 o elDiario.ar.
¿Dónde ubicas a Cenital en ese mapa?
¿Cómo nos autopercibimos o cómo creo que nos perciben afuera?
Las dos.
Yo creo que el grueso de los de afuera nos debe de percibir como un medio crítico al Gobierno, pero que a los consumidores de Cenital les debe de resultar más difícil encasillarnos, porque nosotros tenemos una mirada que… De nuevo: no hay un “nosotros”, porque yo tengo una mirada sobre el Gobierno que no es la misma que tienen Ernesto y María, que no es la misma que tiene probablemente Claudia Piñeiro, que no es la misma que… Hay una diversidad que se ve consumiendo el medio.
¿No pesa más la crítica cuando se habla de un presidente que dice que el Estado es un enemigo y la justicia social es un crimen?
Por supuesto que yo no estoy de acuerdo con esas aseveraciones, pero Milei tampoco. Otra vez: hay que mirar lo que hace, no lo que dice, porque fue el gobierno que más aumentó en términos porcentuales la asignación universal por hijo. Por supuesto que hay programas estatales muy importantes que están siendo desmantelados, pero el Estado no está en su mínima expresión ni remotamente, siempre con relación a la hipérbole presidencial. Entonces, yo digo, “¿estoy de acuerdo con el desmantelamiento de la ciencia y la técnica en la Argentina?” El otro día estuve en Bariloche y fui a visitar el INVAP y el Centro Atómico. Los sueldos de los ingenieros y científicos que trabajan allí son de 900.000 pesos a dos millones y medio. Muchos se van a otros países, donde cobran mucho más. Entonces, para mí es poco inteligente formar a una persona durante veinte años y después expulsarla. Van a Brasil y allí les pagan cinco mil dólares, y todavía les sale baratísimo. Brasil nos dice “muchas gracias”. Eso es una mala administración de los recursos. Por eso, creo bastante en la frase del ex canciller alemán Willy Brandt: “Tanto Estado como sea necesario, tanto mercado como sea posible”.
Ahora, a mi juicio es indiscutible –y ahí me vuelvo poco democrático- que la Argentina debe encarar un proceso antiinflacionario serio y que el equilibrio fiscal tiene que ser una política de Estado. Por supuesto que lo creo. Así como no quiero que la Sociedad Rural determine la política agropecuaria, tampoco quiero que el sindicalismo docente determine la política educativa.
Vos hablás a favor del equilibrio fiscal, cosa que no se escuchaba fácilmente de boca de alguien que, por decir lo menos, no es visceralmente antiperonista. ¿Es una prueba de que la grieta está perdiendo intensidad?
El peronismo quedó muy encorsetado en la última versión del Frente de Todos. Pero si uno mira el período de Néstor Kirchner o el acuerdo de Cristina Kirchner con Chevron sobre la explotación del shale oil, se encuentra con una política exterior muy prooccidental, diría pro Estados Unidos. La gente hace cosas. No era obvio que la inflación iba a bajar. Milei hizo algo para que bajara. Eso tiene mérito, y trato de reconocerlo. Así como soy crítico con los pasivos, trato de reconocer los activos.
De todos modos, ¿te identificás más con el peronismo que con el macrismo o el mileísmo?
A mí me cuesta mucho identificarme con el peronismo. Yo digo, medio en chiste, medio en serio, que soy un conservador popular. Ahora hay una disputa medio extraña sobre la apropiación de Donald Trump. Milei dice: es mío, y algunos peronistas, desde Guillermo Moreno hasta Axel Kicillof, dicen: «Trump está haciendo política proteccionista”. A mí la inhabilitación de Jair Bolsonaro para ejercer cargos públicos en Brasil me parece muy extraña, como me pareció acá muy raro el marco jurídico sobre el cual le aplicaron a Cristina la condena en la causa de Vialidad. Yo me pongo en el lugar del político y digo: ¿el juez que tiene que decidir si yo, funcionario público, soy culpable o inocente es más honesto y transparente que yo? Bueno, a mí permítanme dudar de eso. Entonces, gobiernan los jueces muy permeables a presiones políticas o corporativas. Ahí la democracia pierde intensidad.
¿Cómo ves los medios tradicionales? ¿Todavía tienen un camino por recorrer o están cerca del final de ese camino?
No, de su final no. No muere nada en la Argentina…
¿Qué diarios entraban en tu casa de Bahía Blanca?
Página/12. Solo Página. La Nueva Provincia, ni para hacer asado. Después yo me volví muy amigo de Nico Massot, el sobrino de Vicente, pero comprendo la impugnación de mi papá.
¿Diarios tradicionales o nuevos medios, como Cenital?
Ahora estamos en el medio de la ola. Se necesita tiempo para ver qué pasa. Lo que ya está mandando y lo que va a mandar de acá en adelante es el contenido. En ese sentido, vos podés ir por el frenesí de la actualización, como es Infobae, hiperexitoso en lo suyo, o podés ir, en lo que es papel y algo del online, a la protección de marca, como es el caso de La Nación. Infobae es el lugar al que todos entramos para enterarnos de lo último que pasó, y La Nación, para sus consumidores históricos, es el lugar seguro. Es como ir a comer siempre al mismo restaurante, donde ya conocés al mozo y al cocinero. En términos de buenas plumas, La Nación le está sacando ventaja considerable al resto de los medios. Lo que hace Infobae no lo puede hacer otro y lo que hace La Nación no lo puede hacer otro. Clarín es más versátil, más flexible. Es el histórico Clarín de la clase media. Pero ese público me parece que no existe más. No existe, ¿verdad? No existe.
¿Qué perfil tiene el público de Cenital?
Es un público de clases medias, medias acomodadas. Público urbano de todo el país: ciudad de Buenos Aires, AMBA, Rosario, La Plata, Córdoba, Mendoza. Población económicamente activa, de quienes tienen trabajo. También estudiantes. Mujeres y varones. En la web, 60% mujeres. En el canal de YouTube, 70 por ciento hombres. El grueso tiene de 25 a 40 años.
¿Con qué otros medios estaría sincronizado el público de Cenital?
Hay que tomar esto con pinzas, porque se tiende a simplificar mucho. Los que siguen a Cenital pueden consumir también Radio Con Vos, Gelatina, eventualmente un poquito de Olga y Blender. Pero eso es cierto y no es cierto, porque yo podría decir, siguiendo esa línea, que la gente que consume La Nación+ y lee a Liotti, a Claudio Jacquelin o a Pagni se siente cómoda después viendo a Luis Majul, y no lo creo. Es terrible lo que voy a decir. Me voy a arrepentir mucho de esto, pero nosotros tenemos un público que podría corporizarse, para sacarlo un poco de lo local, entre Lula da Silva y la senadora demócrata Elizabeth Warren en los Estados Unidos. Heterodoxos en la economía, con un cuidado de lo nacional, pero sin que eso implique no estar integrado al mundo.
Canales de streaming, podcasts, revistas digitales… ¿Hay espacio para tantos medios nuevos?
La verdad es que lo único novedoso que veo es que algunos, por escala, se han transformado en algo parecido a Vox, en los Estados Unidos. Es un medio, pero también es una consultora y también una compañía que se dedica a estrategias políticas. Expandió su universo en ese sentido. Acá, a los que mejor les ha ido acá fue a los que se distinguen del resto, como es el caso de Olga. Son un medio de comunicación, un streaming, una productora de contenidos, una organizadora de eventos, y hacen partnerships con marcas constituidas, como puede ser Cris Morena para una serie o Netflix para un unitario. Yo creo que es más fácil diferenciar los medios para los protagonistas de los medios que para las audiencias, que no siguen a los medios como tales, sino a las personas
¿Hay suscriptores y anunciantes para sostener esta cantidad de medios?
Y, eso lo va a decir el tiempo. Hoy sí. Mejor, hoy “ni”. Porque se han caído muchos que habían crecido de una manera intempestiva. Puede pasar que esos medios se reconviertan y se transformen en empresas sustentables. Es también una cuestión de escala. Si hoy Cenital quisiera hacer una programación diaria, volcaría en un año. Pero yo quiero que cuando se trata un tema que a mí me importa se sepa que el que mejor lo trata es Cenital. Nosotros logramos hacer un programa de dos horas y media sobre África y que ese programa lo vieran 50.000 personas. Bueno, yo quiero proteger eso. No hay ningún otro lugar donde vos hagas un programa de dos horas y media sobre África y que lo vean 50.000 personas, porque África “no es tema”. Por supuesto que tengo clarísimo que si en lugar de hacer un programa sobre África pongo a discutir a un libertario y a un kirchnerista para que se griten y se insulten, lo va a ver el cuádruple de personas. Pero claro: también sé cómo se hacen las salchichas… Lo que pasa es que yo busco otra cosa, y que ahora tengo la suerte de que sea sustentable esa búsqueda.


