Una noticia triste para los “terraplanistas” de los diarios impresos: en Japón, frontera final del papel y la tinta, la circulación de estos fósiles periodísticos se redujo prácticamente a la mitad en veinte años. Pasó de 53 millones en 2004 a solo 10 millones en 2024, según datos que la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) publicó en su revista digital, Hora de Cierre.

Yomiuri Shimbun en papel
Atención: no hablamos de diez millones de diarios de papel por semestre, ni por mes, ni por semana: en Japón se venden diez millones de ejemplares por día. Por supuesto, se trata de un promedio. Los días buenos los canillitas reparten doce millones; los malos, apenas ocho.
De esos diez millones citados, un diario o se queda con algo más de seis. Es el Yomiuri Shimbun. Y hay otro al que tampoco le va mal, el Asahi Shimbun, que vende unos tres millones y medio. Versión papel, por cierto. Y siempre diariamente, como es lógico. Aunque las cifras de los diarios argentinos son siempre un poco misteriosas, se puede afirmar sin miedo a equivocarse que ninguno llega ni remotamente al diez por ciento del Yomiuri.
“Shimbun”, dice el traductor del Google, quiere decir “periódico”. “Yomiuri” pasa con menos facilidad al español: “lectura que se vende”, o algo parecido. Y “asahi” es la palabra más linda. Significa “el sol de la mañana”.
Uno puede pensar: claro, se venden diez millones de diarios de papel porque los japoneses son muchísimos. Y son muchos, es cierto. Nosotros somos apenas un poquitito más de 46 millones y ellos, unos 120 millones. Pero en los Estados Unidos, donde viven 349 millones de personas, el diario impreso que más se vende, The Wall Street Journal, tiene una tirada de 473.000 ejemplares. Y en China, que llega casi a los 1500 millones de habitantes, el Diario de Pueblo vende apenas entre tres y cuatro millones.
Si la tendencia decreciente de la que hablamos al comienzo se mantuviera, la actual prosperidad sería tan sólo un espejismo y la suerte de los shimbunes estaría echada. De todas formas, todavía habría cuerda suficiente para unas cuantas décadas.
No únicamente Hora de Cierre, sino otras publicaciones y muchos analistas y estudiosos de los medios masivos se han preguntado por qué en Japón (y también, quizás en menor medida, en la India) siguen teniendo tanto éxito los diarios impresos. Una primera explicación, muy general, es que los japoneses tienen una relación muy especial con todo lo que esté hecho de papel, desde las grullas del origami hasta los muy elaborados envoltorios de sus paquetes de regalos, más apreciados, muchas veces, que el contenido. Existen, por supuesto, las formas de pago virtuales, pero la gente en general prefiere el efectivo. El fax, aparato olvidado en Occidente, todavía es de uso cotidiano en las grandes ciudades japonesas.
¿Por qué esta supervivencia obstinada de la papelería frente a lo digital entre los orientales? Quienes se esforzaron un poquito más para encontrar una respuesta identifican cuatro argumentos interesantes:
1) Sentarse a leer el diario constituye un ritual que le da al que lo observa la impresión de que sigue estando instalado sólidamente en el mundo. (Lo de “sentarse” es condición imprescindible, porque la mayoría de los diarios japoneses son enormes, de tamaño sábana, al que ya han renunciado definitivamente los argentinos.)
2) Los shimbunes ofrecen más noticias locales que los medios digitales y por eso generan conexiones más cercanas con los lectores.
3) Lo escrito en tinta sobre papel es como si viniera con garantía. Para animarse a publicarlo –creen los japoneses-, debe de haber sido puesto antes a prueba, y en consecuencia tiene que ser confiable y creíble.
4) No necesariamente el papel y las pantallas tienen que estar en guerra. También pueden complementarse y asegurar así que todol japonés sediento de información quede siempre satisfactoriamente servido.


