Periodistas trabajando en la década de 1940. Radio-Canada/CBC Fuente: Wikipedia
Malditos periodistas, siempre malditos, digan la verdad o mientan, sean comprables o sean honestos. Malditos porque se meten en todo, porque fastidian, porque son pesados, porque son indiscretos. Como punto de partida, hay que desconfiar siempre de los periodistas. Es decir: para ser periodista hay que ser maldito, porque hay que ser, siempre, escéptico.
No es ninguna novedad, pero nunca se nos hizo tan evidente como cuando empezamos a charlar sobre el tema con colegas a partir de la publicación de nuestro primer libro en común… que era sobre otro periodista. Así que volvimos a hacer lo único que sabemos, que es apretar un botón. El del grabador.
Alguna vez estas entrevistas y estas historias de fraudes, mentiras y verdades serán libro, pero mientras tanto en este blog volcaremos nuestras conversaciones con colegas y las misceláneas que vamos recopilando en nuestras investigaciones sobre las luces y las sombras que arrastra nuestro oficio.
Será un diálogo abierto. Esperamos que sirva para ampliar la mirada, para ver si es justo o no seguir llamándonos “cuarto poder”. Un diálogo que nos interpele, que interprete las señales y signos que van apareciendo en este presente tan agitado y que también otee lo que está por venir. Es decir, trataremos de hacer periodismo, ni más ni menos.
