Desde hace más de tres lustros, se dedica a comprobar si las noticias son verdaderas, engañosas, falsas o insostenibles. Dirigió Chequeado y ahora dirige Factchequeado, para la comunidad hispanohablante de los Estados Unidos. Piensa que el periodismo del futuro será menos competitivo que colaborativo, pero cree que pese a todos los esfuerzos la desinformación llegó para quedarse.

Laura Zommer impartiendo el curso «La IA en tiempos de desinformación: sesgos, contenido adictivo y consejos para uso» en la Fundación Gabo
6 de mayo de 2026
Fotografía: prensa de la propia Fundación Gabo

Nadie se dedica a chequear noticias para caerle bien a la gente, dice la periodista Laura Zommer. En general, los poderosos detestan a los que van detrás de ellos, lupa en mano, para saber si dicen la verdad, exageran o mienten. Tampoco valoran sus métodos, porque al revés que los cronistas y los movileros de televisión los chequeadores se toman todo el tiempo del mundo para sus pesquisas y de ese modo evitan que pase la ola, borre rápidamente las huellas y llegue pronto el tan ansiado olvido. Y, finalmente, no les conviene que en lugar de competir unos con otros cooperen entre ellos y tiendan redes internacionales en las que pueden quedar involucrados.

Zommer es porteña. Nació en 1974. Es abogada y licenciada en Comunicación y docente de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Durante 12 años fue directora de Chequeado, la primera compañía dedicada al chequeo de información del sur global. En 2022, cofundó y desde entonces dirige Factchequeado, orientada a combatir la información maliciosa que recibe la amplísima comunidad latina de los Estados Unidos.

Entre sus múltiples distinciones, Laura obtuvo en 2024 la mención especial del Maria Moors Cabot, en la Universidad de Columbia; en 2024, el premio de la Fundación Gabo 2025 (por García Márquez), el más importante del periodismo en español y portugués, y el Premio al Periodismo en Profundidad de la Sociedad interamericana de Prensa (SIP).

¿Cómo empezó Chequeado?
Empezó en línea en octubre de 2010. Lo fundaron un físico, Julio Aranovich; un químico, Roberto Lugo, y un economista, José Alberto Bekinschtein. Son personas bastante más grandes que yo. Uno de ellos debe de tener ahora 80 años largos y otro, más de 70. Ellos empezaron con dos de los actuales directores de Chequeado como empleados: Olivia Sohr y Matías Di Santi. En ese momento, Di Santi estaba todavía en la universidad y Olivia recién se había graduado. Yo fui la primera directora ejecutiva. De algún modo, junté la visión de los fundadores con la vocación y las ganas de los novatos.

“Mi primera misión fue independizar Chequeado de los fundadores, porque el capital al principio lo pusieron ellos. Impulsamos un modelo de financiamiento diversificado y sustentable, que sigue hasta hoy y que excede mucho a mi gestión. Chequeado sigue muy bien en ese aspecto. La segunda misión fue profesionalizar Chequeado. Los primeros cinco años, solo trabajábamos tres personas con un primer empleo y yo. Ahora es un equipo superbueno con algunos de los mejores especialistas entre sus alrededor de 50 empleados. Y la tercera misión fue aumentar el impacto de nuestras investigaciones”.

¿Hay, como en los diarios, una reunión de pauta?
Sí. Hay una reunión de pauta por semana. Allí se revisan los temas que se pueden tomar. Después hay equipos que, como monitorean lo que llega por el WhatsApp y lo que pasa en las redes, ajustan el temario. Nunca están todos los reporteros ocupados en algo. Siempre hay un reportero para responder a cualquier desinformación que pueda ser muy dañina, con potencial de daño alto, y muy viral. Ése es el criterio de selección. Es un reportero de guardia. La tercera misión era aumentar el impacto.

¿Por qué te parece que surgieron estas empresas?
Muchas nacieron en pandemia, cuando el acceso a las fuentes era más difícil. Al principio, no eran chequeadores, sino periodistas generales que hacían su trabajo. No integraban unidades de chequeo especializadas. Trataban la desinformación a partir de las consultas que les hacían sus audiencias.

¿Cuánto tiempo trabajaste en Chequeado?
Diez años. Me fui cuando se cumplieron esos tres objetivos. Todavía era directora general y me fui cuando lanzamos Factchequeado. Siempre nos esforzamos para que Chequeado fuera un equipo, que la marca fuera siempre más fuerte que las personas.

¿Qué es Factchequeado?
La compañía de verificación que actualmente dirijo. Empezamos probando con un piloto, de abril del 2022 a abril del 2024. Era un piloto conjunto de Chequeado de Argentina y de Maldita España. Ambas son empresas non profit, es decir, sin fines de lucro. Queríamos probar si lo que habíamos aprendido en Argentina y en España servía para atender a los hispanoparlantes que viven en Estados Unidos. Probamos en esos dos años básicamente tres cosas: lo que nosotros llamamos colaboración radical, que era poner en común, juntos, a actores que estaban trabajando de manera desarticulada contra la desinformación, con foco en desinformación en español. Ponerlos a trabajar juntos.

“Una segunda hipótesis era ver cómo funcionaba la traducción de español a inglés. Nuestro planteo era que está muy bien traducir, pero no es suficiente, porque hay algunos asuntos que no necesariamente son de interés de la población media norteamericana blanca y que a los latinos les pueden importar, pero que pueden necesitar contexto. No sé: por ejemplo, información sobre el sistema de salud. No es igual en todos los países latinoamericanos. Hay que identificar vacíos y necesidades y completar la información.

“Y la tercera es que los formatos no son accesorios. No es que primero haya que producir contenidos de buen periodismo en los textos y después ver cómo los empaquetamos. Los que se informan en español en los Estados Unidos consumen contenidos periodísticos primariamente en redes. Entonces, el producto debe tener eso en cuenta desde su génesis.

Portada factchequeado

Es decir: ¿que los textos que hacen ustedes directamente se integren a los canales habituales del público?
Claro, y eso incluye WhatsApp y las redes sociales. Nosotros tenemos nuestro sitio en la web, pero en la web casi no nos leen. O sea: la estrategia no es hacerlos venir a la web, sino ir a donde ellos están.

¿En qué ciudad estadounidense está, físicamente, Fatchequeado?
Fatchequeado no tiene oficinas. Eso fue parte del modelo desde el comienzo. Por un tema de costos, pero también por estrategia. Lo que planteamos es que la desinformación es a la vez un problema global e hiperlocal. Entonces, necesitamos tener una respuesta que articule los actores globales con los hiperlocales. Chequeado trabaja sobre la desinformación en América Latina y maldita.es en España, pero también en el contexto europeo. Junto con la red de aliados de factchequeado, que ahora son 147 en 27 estados norteamericanos, podemos contar con muchos más inputs, con más entradas posibles sobre los temas que están circulando. Obviamente, no al instante, porque no podemos saber todo lo que circula, pero mucho más rápido y de forma más integral que con el simple monitoreo de las redes.

¿Cuánta gente tienen trabajando en esto?
En Factchequeado somos 14, entre ellos la test manager, que está en Miami, Florida, un  reportero en Nueva York, uno en Washington y otra en Dallas. La que hace funding está ahora en Londres, haciendo su máster. La de gestión de administración está en Atlanta y la que hace videos, en México.

(En este punto de la entrevista, hace falta un paréntesis para hispanoparlantes. El  test manager engloba las tareas de planificación, diseño, ejecución y seguimiento de las pruebas a las que son sometidas las informaciones. Y el funding es ni más ni menos que el financiamiento, la obtención de los fondos necesarios para que funcione la organización.)

“Tenemos dos públicos. Por un lado, la audiencia, la gente que interactúa con nuestras redes y nuestro canal en WhatsApp, donde pueden preguntar cosas directamente. Usamos inteligencia artificial para responder en base a nuestro archivo. También, en especial en los temas de migración, respondemos en persona, no necesariamente a través de la nota publicada. El otro público son nuestros aliados, que son o bien medios locales en español o medios que se expresan sobre todo en inglés y que han empezado con alguna unidad en español. Nosotros lo los ayudamos a ampliar el peso de estas unidades. Este segundo tipo de público también incluye a organizaciones que sirven a los hispanos. Puede ser una organización de salud para hispanos, puede ser sobre violencia doméstica, puede ser sobre votos o derechos. El newsletter (boletín que usualmente se envía por correo electrónico a los suscriptores) y el grupo de WhatsApp de esas organizaciones también son medios de comunicación, aunque no lo sean en el sentido profesional del término. A esas organizaciones también las consideramos aliadas y todas las semanas les damos gratis entre 25 y 35 contenidos originales que ellas pueden republicar y monetizar.

En el día a día, ¿cómo funciona las chequeadoras?
Nosotros en Factchequeado tenemos una reunión semanal con nuestros aliados, como si fuera una news room meeting colaborativa. (Un newsroom, o sala de redacción, es el espacio físico o virtual donde periodistas, editores y productores trabajan en equipo para investigar, redactar, verificar y publicar noticias para un periódico, canal de televisión, estación de radio o medio digital.) A la reunión vienen un promedio de entre 30 y 40 aliados por semana. Nosotros les presentamos los temas. Muchos de esos aliados integran redacciones muy pequeñas y vienen para que hagamos lo que ellos no pueden hacer, porque no tienen un reportero de ciencia o no tienen un experto en leyes, o en migración, o porque simplemente no les alcanzan los recursos para cubrir todo lo que les está preguntando la gente. Esas reuniones con aliados nos sirven porque no tenemos base territorial en todo Estados Unidos. De los 50 estados, tenemos equipos sólo en seis y aliados en 27. Ellos nos permiten tener ojos y oídos en más territorios.

¿Viajás mucho a los Estados Unidos?
Todos los meses, sí, entre cinco y diez días al mes. Veo gente y recorro, porque no tenemos sedes fijas. Todo el equipo trabaja 100% remoto. Es un lío con las diferencias de horarios, entre la costa oeste, la costa este, México, América latina y Madrid, donde está nuestro reportero de ciencia.

¿Por qué la pandemia fue un punto de inflexión para tu compañía?
Porque los latinos fueron los que más muertos tuvieron en los Estados Unidos. La desinformación que hablaba, por ejemplo, de que las vacunas afectaban la fertilidad, hizo que los latinos se vacunaran menos que los blancos o los negros. O sea, hay evidencia del impacto que tuvo la desinformación sobre la comunidad latina en pandemia y entonces lo que pasó en ese momento es que desde las autoridades también se fue a buscar a quienes podían interactuar con los hispanos para informarlos. Entonces hubo muchos medios que empezaron a atender estos asuntos porque había alguien dispuesto a financiarlos para que lo hicieran. Los medios en español en Estados Unidos históricamente no tienen medios suficientes.

Vos decís: nosotros les damos a los medios un contenido gratuito, pero ¿quiénes son los que aportan para que ustedes sobrevivan? ¿Quién gana con el chequeo?
Yo diría que ganamos todos. Nos apoyan organizaciones filantrópicas. Están todas listadas en la página web, lo mismo que en la de Chequeado. En general son organizaciones que financian instituciones democráticas, o financian cómo fomentar la participación cívica o financian integridad de la información. A veces hay como servicios ad hoc. Hay un proyecto específico que tenemos con TikTok. Nosotros les informamos sobre contenido peligroso que identificamos en español, porque sus equipos en Estados Unidos no tienen a nadie que hable español.

Entre los que aportan dinero para Chequeado o para Factchequeado están empresas como Danone, Quilmes, Exxon, Ediciones Santillana, Google, John Deere, Metrogás, La Nación, Siderca y Telecom e instituciones como las embajadas británica, alemana y suiza, la Organización de Estados Americanos, la Unión Europea y la Unesco.

¿Usan inteligencia artificial en sus chequeos?
Usamos, sí. Usamos para monitorear y para ayudarnos a producir los textos.

¿Chequeado fue la primera en la Argentina y en América latina?
Sí, en la Argentina, en el subcontinente y en el sur del mundo. O sea, cuando nosotros nacimos había solo tres organizaciones en Estados Unidos. Dos de ellas sobreviven y la tercera, la del Washington Post, cerró. En los diarios franceses Le Monde y Libération había una unidad de chequeo. En Inglaterra fue resonante la revelación que hizo el canal 4 de televisión sobre el uso de datos de millones de usuarios de Facebook por parte de la empresa de “minería” de datos Cambridge Analytica, que trabajó para la primera campaña presidencial de Donald Trump. Yo me di cuenta de que la desinformación no era un problema exclusivo de la Argentina, y en 2014 creé una red que se llama Latam Check, que todavía existe y tiene ahora 42 medios de 19 países de la región, más España y Portugal.

¿Qué diferencia a una compañía chequeadora de una agencia de noticias?
La diferencia es que los chequeadores interactuamos. Partimos del principio de que la colaboración no es opcional. Para mí, cualquiera que quiera tener algo de impacto en el ecosistema mediático tiene que entender que nosotros no competimos. La competencia entre medios es totalmente obsoleta. Nosotros competimos con otros actores, con los que desinforman, con los que arman campañas de propaganda Y, en todo caso, con los que disfrazan de información periodística contenidos de otro tenor, por plata o por poder.

¿Y pensás que van avanzando en esa pelea contra la desinformación?
Sí, pero es distinta la mirada de los que están afuera del ecosistema de desinformación y los que estamos adentro. Los que estamos adentro nunca pensamos que íbamos a terminar con la desinformación. Siempre supimos que había llegado para quedarse. Lo que hacemos es generar anticuerpos, estrategias para que las audiencias sean más hábiles para detectar el engaño. Hay muchísima gente desesperada con la inteligencia artificial, pero yo un poco celebro que la gente haya aprendido que es posible generar cualquier imagen. Siempre hablo de la falsa foto del papa Francisco con una campera de Balenciaga, que se viralizó en marzo de 2023. No era una desinformación tan dañina, ¿no es verdad? Y sirvió para que el mundo entero aprenda a preguntarse si lo que está viendo es realmente cierto.

¿Aumentó el margen de duda, y con él la capacidad crítica de la gente?
Sí, y eso les plantea exigencias y desafíos a los medios serios, porque su capital más importante es la confianza y la gente ya no necesariamente les cree todo lo que publican.

¿Sentís que a la habilidad de los chequeadores para descubrir mentiras le correspondió también una creciente habilidad de los falsificadores para mentir?
Sí, la habilidad para mentir siempre se sofistica y en general siempre utiliza las nuevas herramientas tecnológicas antes que sepamos darles la vuelta. Pero sepamos también que la mentira industrializada ocurre porque las grandes empresas tecnológicas hacen plata con los click bites (los contenidos que atraen a los usuarios para hacer clicks, más allá de que el contenido sea engañoso) Lo que nos deja más tiempo pegados no es siempre lo más fidedigno, sino lo escandaloso, o lo divertido. Y el algoritmo está diseñado para eso. Mientras los que manejan la distribución de contenido sigan siendo los que como fin último tienen el lucro, estaremos corriendo en una cancha inclinada.

Entonces, ¿qué se puede esperar de los chequeadores?
Nosotros somos modestos respecto de lo que consideramos exitoso. El público puede decir que lo nuestro no sirve para nada porque la mentira sigue. Yo hago la analogía con el periodismo de investigación, porque se puede pensar que no todos los corruptos van presos. Pero el periodismo tiene como misión mostrar lo que ocurre, no mandar preso a alguien. De nosotros, como verificadores, muchas veces dicen: “Bueno, pero la gente sigue eligiendo a los mentirosos”. Sí, porque el voto es emocional, ¿no? Lo único que hacemos es advertirle al ciudadano que aquel al que está votando no le está diciendo necesariamente la verdad.

Hugo Alconada Mon nos contó que una vez apareció un falso WhatsApp que lo mostraba a él apoyando a un candidato y que él lo mandó a Chequeado. Dijo que la altísima velocidad a la que se reproducía el rumor era como la de una liebre y la de la verificación era la de una tortuga.
Sí, creo que hay algo de eso, porque inventar una mentira lleva minutos, o segundos, pero desmentirla con fundamento lleva mucho tiempo. Hay cosas que se chequean rápido, como una cifra falsa. Chequear audios es más difícil que chequear imágenes y videos, porque hay menos tecnología disponible para hacer la reversa de los audios falsos. Las herramientas están mejorando, pero no están todas disponibles ni son gratuitas. Es más fácil determinar si las imágenes y los videos fueron manipulados, por los pixeles, las sombras, los metadatos. En los audios no hay contexto. Cuando en Chequeado empezamos con los audios contratábamos –y, de hecho, era caro- a peritos del Conicet que trabajaban para causas judiciales de amenazas telefónicas. La Justicia los contrataba para que dijeran si era o no era ésa la voz del acusado. Ellos analizaban el tono de la voz y la cadencia.

¿Cuál es el criterio para elegir lo que va a ser chequeado?
Hay una metodología, que hoy está bastante estandarizada en el mundo. Cuando en 2016 se hizo acá el Global Checking Summit (el encuentro global de chequeadores), se aprobó un código de principios. Dice que el factchecker puede decidir lo que va a cubrir y lo que no va a cubrir, pero le tiene que decir a su audiencia cuál es su criterio de selección. En el caso de Chequeado, se pondera la relevancia de quien dice algo, el grado de circulación de la información y el daño que puede causar. En Chequeado lo llamamos peligrosidad y viralidad. Y en Factchequeado priorizamos lo que afecta particularmente a los latinos que viven en los Estados Unidos.

Todo buen periodista chequea la información. ¿Qué lo diferencia, entonces, de un chequeador?
Lo específico de los chequeadores es que no corren para informar sobre lo que pasa. Ningún chequeador se ve a sí mismo como un medio de primera lectura que informa sobre lo que ocurre. Lo que nosotros tratamos de hacer es aportar contexto para entender mejor lo que pasa. Entonces, si un político dice algo, nosotros no reportamos eso que dice. Tratamos de ver si eso que dice coincide con los mejores datos disponibles.

¿Y cómo saben si son los mejores datos disponibles?
Bueno, tenemos una metodología de ocho pasos. Siempre contactamos a la persona que estamos chequeando, a la institución que estamos chequeando, para preguntarles de dónde sale esto que dicen. A veces contestan y a veces no.

Pero es también periodismo, con otro tiempo, ¿no?
Sí, con otro tiempo y con un método establecido. Un chequeador no trabaja con off the records. Yo en una nota para La Nación puedo hablar de “fuentes judiciales”, pero en un chequeo nunca diría eso. Diría quién, porque no se supone que tengan que creerle a Laura Zommer diciendo que habló con fuentes judiciales. Tengo que pensar en un lector lo suficientemente escéptico como para que tampoco me crea ciegamente a mí.

¿Cómo imaginás el periodismo de aquí en más?
Me parece que en nada vamos a ser suficientemente buenos como para poder hacerlo solos. Cualquier periodismo presente y futuro implica colaborar con otros medios o con otros actores. Ése me parece un espacio todavía poco explotado y con muchas posibilidades. Otra cosa que creo es que o experimentás y trabajás con tecnología o morís. Y trabajar con tecnología puede ser solo para escribir un newsletter y para distribuirlo. Pero si no lo distribuís o lo monetizás usando buenas estrategias tecnológicas probablemente tu newsletter quede siempre en un nicho demasiado chico.

¿Eso que estás diciendo reduce la importancia del talento o del genio individual del periodista?
No, no, lo que digo es que uno puede ser un genio, pero como las autopistas por las que se distribuyen los contenidos las tienen las redes sociales, si no tenés una infraestructura para que tu genio sea visto serás un genio, pero muerto de hambre. Desconocido. Entonces, para mí por un lado es colaboración, por otro lado es infraestructura, que implica tecnología e inversión. Antes, la gente se informaba en papel, después se informaba en digital, después se informó en las redes. De acá a unos años solo se va a informar en chats de inteligencia artificial. O sea, ¿cuál es la infraestructura que los medios estamos trabajando para asegurarnos que los chats respondan a nuestros contenidos de calidad? Dentro de poco tiempo, cuando alguien tenga una pregunta no se la va a hacer a Google, se la va a hacer al chat. De hecho, Google ya anunció que cerrará el buscador. Sólo te va a contestar la inteligencia artificial de Google. Entonces no vas a tener la referencia al medio.

¿Pensás que la dependencia exclusiva de lo que diga la IA será una buena noticia?
Yo seguro prefiero que haya muchas fuentes, y además que sean muy transparentes. Si pienso en la evolución desde que yo empecé en Chequeado, veo que fuimos perdiendo transparencia. Cada vez. ¿Por qué? En 2010, chequeaba a actores que hablaban con nombre y apellido, o a organizaciones de la sociedad civil, o empresas. En 2015 empezamos a chequear también lo que llamábamos contenido viral sospechoso, que a veces no se puede determinar quién lo originó. Y ahora cuando uno le pregunte al chat no sabrá, necesariamente, cómo la inteligencia artificial elaboró la respuesta. Con qué fuentes. Entonces el que se quiere informar, incluso el intelectualmente honesto, va perdiendo capas de transparencia.

¿Cómo es la relación con el poder? ¿Tuviste problemas en Chequeado con el gobierno argentino?
En todo el mundo es así. Siempre digo que nadie hace chequeo o verificación para ser la persona más popular del universo. No estoy queriendo naturalizar el maltrato ni los abusos, pero ustedes deben tener presente a la periodista filipina María Ressa. Ella creó Rappler, la primera unidad de chequeo de su país. Ganó el Premio Nobel de la Paz en 2021, pero fue a la cárcel por sus enfrentamientos con el ex presidente Rodrigo Duterte. A los que tienen el poder no siempre les cae bien que uno los exponga.

¿Cómo lidiás personalmente con eso?
A mí hace muy poquito me hicieron una foto falsa abrazada con Javier Milei, como si fuéramos pareja.

¿Y vos qué hacés en ese caso?
La gente que me quiere sabe cómo soy. El resto no me importa. Una va generando anticuerpos. Con la foto falsa, se la mandé a Chequeado. “Che, por las dudas que no la hayan visto…”

Foto falsa de Laura Zommer y Milei

Foto real de Laura Zommer
¿Te gustó este contenido? Compártelo en tus redes sociales:
Publicaciones recomendadas

Deja un comentario