Recién a principios de 2017, tres meses después de la muerte de Fidel Castro, la televisión cubana mostró la entrevista que le hizo en 1964 la periodista estadounidense Lisa Howard para la cadena ABC. Allí Fidel dijo que Estados Unidos debería vivir en paz con Cuba. “Lo deseamos, y estoy seguro de que sería la única política inteligente que los Estados Unidos podrían adoptar. Nosotros necesitamos paz, los Estados Unidos necesitan paz, el mundo necesita paz.”

Pasaron más de 60 años, pero la paz no llega. Cayó Nikita Kruschev, a quien Castro elogió mucho en la nota con Howard. Cayó la URSS, se murió Castro, se murió Chávez, a Maduro lo extrajeron sin anestesia y Cuba se quedó sin su último surtidor. Pasó el tiempo, pero la tensión sigue. Promediando junio del 2026, un programa cubano de reformas económicas fue descalificado por voceros del Departamento de Estado estadounidense. “Es solo una estrategia, puro humo”, dijeron.

Lo que no es humo es el carácter de oscuro objeto de deseo que siempre tuvo la isla caribeña para la gran potencia americana. El affaire amoroso entre Castro y su entrevistadora, del que hay pruebas bastante convincentes, se puede considerar todo un símbolo.

Lisa se llamaba en realidad Dorothy Jean Guggenheim y era una rubia y todavía muy atractiva cronista yanqui a sus 38 años, cuando lo conoció a Fidel Castro. Había nacido en Cambridge en 1926 y antes de dedicarse al periodismo había sido una actriz conocida por su belleza y sex appeal. En 1953 fue tapa de la revista People Today, que le dio el título de “Primera dama del pecado de la TV”. Al parecer, además tenía talento interpretativo. En Broadway protagonizó la obra “Lástima que sea una puta”, del dramaturgo inglés John Ford (1568-1640).

El éxito de la revolución cubana en 1959 movilizó sus simpatías políticas de izquierda. Contratada por la cadena Mutual Radio fue la primera norteamericana que entrevistó a un premier soviético, el ya mencionado Kruschev.

Después comenzó a trabajar en ABC News. Entre los personajes famosos a los que reporteó figuran John Fitzgerald Kennedy, Dwight Eisenhower, el sha de Irán y Eleanor Roosevelt. Lisa se fascinó con la figura de Castro y movió cielo y tierra para conseguir la correspondiente visa y para entrevistarlo.

El destacado periodista e historiador Peter Kornbluh, promotor de la desclasificación de los archivos secretos sobre el apoyo de Washington al dictador chileno Augusto Pinochet, publicó en 2018 en Político Magazine un largo artículo sobre el caso. El título es “Mi queridísimo Fidel, el secreto vínculo de una periodista de ABC con Fidel Castro”.

Lisa Howard y Fidel Castro en su primer encuentro, Hotel Habana Riviera, 21 de abril de 1963
Fuente: Lisa Howard Collection en el National Security Archive

Lisa tuvo en realidad dos entrevistas con Castro, una en abril de 1963 y otra en febrero de 1964. El 21 de abril del ‘63 a medianoche, cuenta Kornbluh, Lisa y Fidel se encontraron en el cabaret del hotel Habana Riviera. Hablaron hasta las seis de la mañana. Se impresionaron mutuamente y Castro le concedió una entrevista, pero en una sala más formal del mismo hotel. “A las pocas horas de la entrevista, Castro voló a Moscú, pero no sin antes haber hecho arreglos para que un gran ramo de flores fuera entregado en la habitación de Howard.

A cambio, la periodista le dejó a Castro lo que describió como un pequeño recuerdo, una carta profundamente personal que ella redactó en su habitación del Riviera.”

En esa carta, ella intercalaba elogios con críticas: «No quiero que te destruyan (…). Tú no eres el tirano despiadado y cínico que han representado. No creo que tengas la intención de herir a la gente. Sin embargo, con toda sinceridad, me siento triste y enfadada porque has destruido a miles y dañado a muchos más sin causa justa”. La nota terminaba así: “Atesoraré con todo mi corazón mientras viva mi viaje a Cuba en abril de 1963 y mis encuentros contigo, mi querido Fidel».

De izquierda a derecha: un memorando de la CIA sobre el primer viaje de Howard a Cuba, marcado como «Psaw» (visto por el presidente); un borrador de la carta de Howard a Castro fechada el 27 de abril de 1963. |
Memorando de la CIA: Archivos de Seguridad Nacional, Biblioteca Presidencial John F. Kennedy; carta de Howard: Archivo de Seguridad Nacional, Colección Lisa Howard.

Aparentemente –como se insinúa en la película de Steven Soderbergh sobre Guevara, en la que Julia Ormond encarna a Lisa- el Che fue el mediador de la segunda entrevista para ABC. Lisa y su equipo volvieron a pisar el aeropuerto José Martí el 1° de febrero de 1964. La fue a buscar el edecán y médico personal de Castro, René Vallejo. En la aduana, la hicieron pasar como diplomática.

“¿Cuándo lo veré?”, dice Kornbluh que le dijo Lisa a Vallejo. “Ha estado preguntando por ti todo el día», le contestó él. Pero ella no lo vio a Castro hasta la noche siguiente, el 2 de febrero de 1964. Fidel apareció cerca de la medianoche en la suite del Riviera en la que Lisa ya casi había dejado de esperarlo. Según escribió Lisa en su diario, Castro la abrazó y la acarició “diestramente, pero con pasión contenida”. Él le dijo que su reticencia se debía a la prudencia que debía observar dado el contenido político de la relación, la arropó, se fue y le dijo que la volvería a ver y que todo ocurriría naturalmente.

Escribe Kornbluh que durante las siguientes dos semanas, Howard y su equipo “recorrieron Cuba con el enérgico Castro, lo filmaron jugando al béisbol, visitando una granja ganadera e interactuando con los campesinos”. A Lisa le impactó la adoración que despertaba Fidel a su paso. En su diario personal, escribió: “Los niños lo besan, las madres lo tocan. Están maravillados, extasiados. No me cabe duda de que la emoción que inspira Fidel en todas las mujeres es puro deseo sexual sin diluir. Es el animal masculino más físico que he conocido. Estuve sentada o parada a su lado durante cinco horas y casi me vuelvo loca”. , relató Howard.

Elliott Erwitt, viajó con Howard y su equipo de filmación para documentar el viaje.
Biblioteca del Congreso; Elliott Erwitt/Magnum

Como era inevitable, una noche desapareció el miedo que tenía Castro de ser víctima de una operación escabrosa. Lo que tenía que pasar pasó. Dice el diario: “Nos fuimos a la cama y me hizo el amor diestramente. Fue emocionante y extático, más que cualquier cosa que yo hubiera experimentado alguna vez».

Ese triunfo del amor sobre la intriga internacional hubiera sido un buen final para esta historia, pero no ocurrió.

A veces la realidad es prosaica. Cuando Lisa volvió a su país, después del asesinato de Kennedy, la política respecto del régimen cubano se había endurecido. Alineados con Lyndon B. Johnson, el nuevo presidente, los directivos de ABC le pidieron amablemente a Lisa que se olvidara de su posición conciliadora. Lisa no obedeció y, ya sin más sonrisas, la despidieron. Ella se deprimió. Fue internada en un hospital y no se sabe bien cómo tomó allí una dosis letal de barbitúricos. Su muerte fue reportada como suicidio. Murió un Día de la Independencia, el 4 de julio de 1965.

Lisa y Fidel.  Fotografía: Elliott Erwitt/Magnum
Publicaciones recomendadas

Deja un comentario