Siempre se supo que Immanuel Kant no le daba la menor importancia a la atracción sexual y que solo justificaba a regañadientes la copulación cuando se daba entre un hombre y una mujer legalmente casados. Se supo porque lo dijo el propio filósofo alemán (Königsberg, 1724-1804): “Quienes se entregan a actos sexuales por placer convierten a la humanidad en un instrumento para la satisfacción de sus lujurias e inclinaciones. Por lo tanto, la sexualidad expone a la humanidad al peligro de igualarse con las bestias”.
Sin embargo, la percepción kantiana del amor carnal dio un giro de 180 grados cuando se publicó un libro del pensador francés Jean-Baptiste Botul titulado «La vida sexual de Immanuel Kant”. Botul dice allí que si bien Kant no tuvo novia, ni novio, ni amante, ni pareja animal, vegetal o de otro origen conocido o desconocido, el sexo fue el componente esencial de su edificio filosófico, y que lo fue a través de la contrariedad, es decir, a través de un inclaudicable celibato.
Como veremos, el libro tuvo enorme repercusión en el mundillo de la filosofía, pero el autor no llegó a verlo publicado, por dos razones: primero, porque la primera edición fue de 1995 y de Botul se informa que vivió de 1896 a 1947. Y segundo porque Botul no existe: es una invención del periodista Frédéric Pagès, colaborador habitual del semanario satírico Le Canard enchaîné (El pato encadenado).
Parecía fácil darse cuenta de que todo era un chiste por el apellido que eligió Pagès, puesto que el botulismo no es una escuela filosófica sino una infección que puede llegar a ser grave, causada por una neurotoxina bacteriana, la toxina botulímica. Pero no todos se dieron por enterados. Algunos, los compinches de Pagès, porque le siguieron la corriente, crearon la Fundación de Amigos de Botul y establecieron un premio anual para seguir alimentando la patraña. Y otros porque sencillamente mordieron el anzuelo.
Entre estos últimos, se destaca la Universidad Nacional de México, la UNAM, que en 2003 publicó el libro de Botul/Pagès en su colección “Pequeños grandes ensayos”. En su reseña, Irma León Cruz, editora del Boletín de Novedades, sostiene: “Desde el punto de vista del autor, la vida sexual de Kant –o, mejor dicho, la carencia de ella- no es precisamente un asunto de historia, de información, de documentación o de anécdota, sino que plantea un cuestionamiento sobre la coherencia del sistema kantiano”.
Y agrega: “Botul quiere explicar por qué el celibato, lejos de ser una cuestión accidental, forma parte de la esencia misma de la filosofía. Así, pues, el celibato kantiano se levanta como un paradigma de la vocación filosófica”.
Otro incinerado importante por el affaire Botul fue el polémico Bernard-Henri Lévy, escritor, cineasta, documentalista, columnista periodístico, “pero ante –como él dice- filósofo”. Había dejado momentáneamente esta última profesión después de que sus ataques contra sus colegas contemporáneos de la izquierda, pero también contra Hegel y Marx, fueran ridiculizados por Gilles Deleuze, Pierre Bordieu y Cornelius Castoriadis, entre varios otros.
En febrero de 2010, Lévy decidió volver al ruedo con la idea de descalificar a sus descalificadores. Lo hizo con un libro de 130 páginas llamado “Sobre la guerra en la filosofía”. El regreso fue con bombos y platillos: un debate con Slavoj Zizek en Le Nouvel Observateur, una entrevista en L’Express y entrevistas a página completa en Paris Match, Transfugue y Marianne.
Todo anduvo bien hasta que los miembros de la comunidad filosófica leyeron el libro. Y anduvo mal después, cuando llegaron a la página 122. Allí Bernard-Henri desbarrancó citando “La vida sexual de Immanuel Kant” como si hubiera sido escrito en serio. No solamente lo utilizó como prueba para atacar a Kant, diciendo que el libro demuestra que fue “por excelencia, una falsa abstracción, un filósofo sin cuerpo y sin vida”, sino que dio por ciertos detalles inverosímiles de la falsa biografía de Botul inventada por Pagès, como su serie de conferencias a los neokantianos radicados en Paraguay al final de la Segunda Guerra Mundial.
Realmente, son asombrosas las cosas que pueden ocurrir cuando se encuentran el fraude y las ganas de creer.
